La anestesia tópica ha conseguido una popularidad relativamente reciente. Esta práctica ha minimizado los riesgos de la práctica anestésica en oftalmología, y que necesariamente reduce la invasividad de la técnica.

En el desarrollo de este tipo de anestesia ha influido:

La reconversión de la técnica de cirugía de cataratas en facoemulsificación.

La exigencia creciente de los pacientes ante la cirugía oftálmica, y especialmente en el caso de la cirugía de cataratas, ya que minimiza las molestias, favorece una recuperación rápida de la función visual, y el ojo sale blanco del quirófano. La práctica de la anestesia tópica también se debe acompañar de una técnica depurada, rápida y con experiencia por parte del cirujano, pero además, la colaboración del paciente es un factor muy importante.

En ocasiones, determinados pacientes con tendencia a la angustia o muy aprensivos, no son buenos candidatos a la anestesia tópica.

Complicaciones:
Toxicidad al anestésico por uso de cantidades excesivas.
Mala colaboración del paciente. Inexperiencia del cirujano.

Precauciones:
Elegir el paciente con rigurosidad.
En cirugías de riesgo los posibles imprevistos son más fáciles de resolver.
Disponer de anestesia para sedación eventual.
El cirujano debe dominar alternativas anestésicas.
La anestesia tópica, es una opción excelente por el nivel satisfactorio de los resultados. Aunque el grado de analgesia no es tan elevado como las otras formas de anestesia.

El uso de gotas anestésicas en una intervención: Favorece la recuperación prácticamente inmediata de agudeza visual, no deja hemorragias, edemas, etc. Disminuye el estrés que produce la anestesia en el paciente.